Rehabilitar la periferia de las ciudades: una forma de construir

Renzo Piano

Frente a la discusión entre  el desarrollo de la ciudad en altura, o su extensión en el territorio que la rodea,  la respuesta de hoy es la rehabilitación de la periferia de las ciudades. Este es el mensaje que quiere transmitir el arquitecto genovés Renzo Piano con su iniciativa, ampliamente difundida en los medios de comunicación italianos.

El reconocido arquitecto, recientemente nombrado senador vitalicio, ha optado por hacer política de la forma que él, sobre todo arquitecto vitalicio, mejor conoce.

Con el estipendio que le corresponde como  senador, ha financiado un grupo de trabajo sobre las periferias. Dicho grupo ha tomado el nombre «G 124», el número del despacho que le corresponde al arquitecto y senador en el Palazzo Giustiniani, sede del senado italiano.

Está compuesto por seis jóvenes becarios, tres tutores, el ingeniero Maurizio Milan y los arquitectos Mario Cucinella y Massimo Alvisi,  y cuatro asesores, entre ellos Marco Ermentini.

En el programa «Otto e mezzo» de la RAI, el Premio Pritzer se extiende sobre los motivos que le han llevado a tomar esta decisión, realizando un lúcido análisis de la actual situación.

A lo largo de los años 60, la ciudad creció invadiendo el campo que la rodeaba. Hoy en día, la mayor parte de los habitantes urbanos residen en las periferias que surgieron entonces.

Seguir creciendo en altura y construyendo enormes torres como «The Shard», en Londres, de 87 pisos, genera enormes problemas de accesibilidad y la necesidad de crear nuevas infraestructuras, difíciles de afrontar en la actual situación.

La ocupación del espacio rural  circundante  con nuevas construcciones invade la naturaleza y elimina espacios verdes, cada vez más escasos, a la vez  que exige también la creación de numerosos y costosos servicios.

La intervención en las periferias frenaría el consumo de suelo, y la dispersión de recursos, y propiciaría que las ciudades dispusieran de un mayor espacio verde.

Periferia 1

En la periferia hay agujeros negros, espacios abandonados por la ciudad para extenderse en otras direcciones, para ocupar nuevos terrenos rústicos. Son vacíos dejados por áreas industriales abandonadas.

También está llena de viviendas vacías, de construcciones obsoletas, que no cumplen los estándares mínimos energéticos, tal y como se ha visto al poner en marcha el sistema de certificaciones adoptado en España.

Renzo Piano propone invertir el modelo de desarrollo extensivo, no tanto por ideología, sino por lógica: abandonar la idea de construir a favor de mantener y conservar. Basta ya de nuevas construcciones que no hacen falta: no podemos comernos el territorio que nos queda, alargando las ciudades como pulpos.

Ya no es construible aumentar la ciudad: supone unos costes que no son asumibles. Lo ecológico ya no es tanto «construir pequeño» como «construir sobre lo construido».

La belleza es frágil y nuestro país es frágil,  dice Renzo Piano, tiene una belleza frágil y está habitado por personas que no son consciente de su belleza. Las periferias no son feas, quién lo dice: se han construido mal, sin cuidado, pero aún así son bellas porque hay una belleza difusa, belleza humana, que hay que fecundar.

Tenemos que fecundar estas periferias, volviéndolas alegres, introduciendo nuevos usos, nobles y complejos, que les confieran dignidad: zonas verdes, escuelas, bibliotecas, auditorios. Debemos intervenir para convertir su vulnerabilidad en un valor, actuando con respeto y cuidado y asumiendo la fragilidad del territorio.

No debemos seguir arruinando el espacio agrícola que rodea a las ciudades con espacios que no son nada; ni agrícolas ni urbanos. La ciudad debe crecer completándose.

Lo primero es mejorar la red de transportes públicos,  e introducir un sistema de micro transporte en las ciudades, dejando de gastar dinero público en aparcamientos.

Las periferias no se resuelven demoliéndolas, sino arreglándolas, remendándolas: un trabajo a largo plazo, muchas pequeñas actuaciones. Todas estas pequeñas actuaciones son micro empresas, en micro obras,  que dan micro trabajo, micro trabajos que necesitan micro créditos. Esto podría dar trabajo a muchos jóvenes que pueden tener acceso a estos micro créditos. Toda esta actividad llevará a consolidar lo construido. Vivimos en un país que es como un grandísimo edificio en el que nunca se han hecho trabajos de mantenimiento.

Los  políticos siempre han preferido inaugurar a arreglar, pero es preferible ver cómo se arreglan los edificios que observar cómo grandes espacios verdes se convierten en bloques de hormigón.

Un trabajo para todas las generaciones que están por llegar.

Las periferias no se resuelven demoliendo, sino arreglando.

Y al final de la entrevista en «Otto e mezzo», Renzo Piano introduce la mano en su bolsillo para extraer una caja de Timidina, la medicina que Marco Ermentini, asesor del grupo «G 124», propugna recetar a los arquitectos  para que estos sepan construir sin hacer grandes gestos, con humildad. Porque no es cierto que para ser creativo haya que ser totalmente libres, al contrario hay que tener todo tipo de límites y saberlos aceptar. Medicina anti gesto: ¡viva la Timidina.

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