Bagheria

Bagheria hoy

Dejando atrás el paréntesis estivo, continuamos aquel viaje por tierras sicilianas, en búsqueda de los lugares de dos escritores, Giuseppe Tomasi di Lampedusa Fosco Maraini, emprendido en mi anterior entrada.

Hoy nos detendremos en Bagheria.

A pocos kilómetros al este de Palermo, cuando se pierde de vista el monte Pellegrino que domina la capital, al otro lado del cabo Zafferano que cierra su bahía, y tras un corto tramo de autovía entre olivos y el mar, se alza un nuevo conglomerado urbano salpicado de árboles, que baja en suave pendiente hacia el azul del mar, mirándolo desde una cierta distancia. Junto a la orilla, un grupo de casas: Porticello. 

Ni Tommaso di Lampedusa ni Fosco Maraini lo reconocerían.

Aquí, en el siglo XVII, el príncipe de Butera, decidió levantar su palacio de verano: Villa Butera fue la primera de las grandes villas barrocas de Bagheria. Dos generaciones más tarde, Salvatore Branciforte, Príncipe de Butera, establece los primeros planos urbanísticos de la ciudad, construyendo un edificio adosado a la torre medieval existente y ampliando así el palacio. Fue él quien mandó edificar la Chiesa Madre.

A partir de entonces comenzó la gran expansión de Bagheria, convertida en centro de veraneo de la nobleza palermitana, que levantó un conjunto de soberbios palacios barrocos, construidos con la arenisca característica del barroco siciliano, y que rivalizaban en esplendor y originalidad.

Hoy en día, escondidos entre la masa de edificios de viviendas de varios pisos que han ido colmatando sin orden ni concierto los inmensos jardines y parques de aquellas villas, aún podemos visitar algunos de esos palacios. En ellos las características del barroco sicilianos cobran mayor exuberancia: monumentalidad, riqueza decorativa y dramatismo expresados mediante balconadas, mascarones, elementos a veces incluso grotescos, geometrías complejas con formas cóncavas o convexas, columnas…

El palacio Butera, el primer edificio de la ciudad, en pleno centro, es hoy sede del ayuntamiento. Fue edificado junto a dos torres almenadas, una de las cuales aún se puede apreciar.

Villa Palagonia,

Foto de la autora

Villa Palagonia

obra del arquitecto dominico Tommaso Maria Napoli, es quizás la más conocida de las villas de Bagheria. La serie de monstruos, figuras antropomórficas y caricaturescas que adornan la cornisa superior del edificio y confieren un aire onírico al edificio fueron obra posterior. Quedan solo algunas de las 200 figuras originales,

pero suficientemente llamativas para caracterizar el edificio y hacer que sea la principal atracción turística de Bagheria.

Villa Cattolica es la sede del museo Guttuso, el célebre pintor italiano, donde se pueden contemplar muchas de sus obras e interesantes exposiciones temporales; Guttuso tiene su mausoleo en el mismo jardín de la villa. Tumba de Guttuso, en el jardín de Villa CattolicaSiendo joven Guttuso, en Bagheria se formó un activo grupo de intelectuales y artistas que dinamizaron la vida cultural de la ciudad. Entre ellos estaban la pintora Topazia Alliata, y el poeta Lucio Piccolo, a menudo acompañado de su primo Lampedusa.

El Palazzo Aragona-Cutò, obra del arquitecto Giuseppe Mariani, es un edificio cuadrado de aspecto macizo, con una gran cubierta plana que forma una amplia terraza. La escalera interior de acceso a la planta noble, en rampa, lo diferencia del resto de los palacios de Bagheria en los que la escalera exterior forma uno de los elementos más característicos de sus fachadas. Giuseppe Tommasso di Lampedusa, que posteriormente compartió la propiedad con varios de sus primos, pasó en este palacio parte de sus vacaciones estivas infantiles. Actualmente es la sede de la biblioteca municipal, y su interior está magníficamente conservado.

Villa San Cataldo y Villa Villarosa también se pueden visitar.

Pero a mí, la que más me interesaba, y no pude visitar por permanecer cerrada al público, era Villa Valguarnera, Villa Valguarnerala villa más suntuosa, imponente y bella de las villas de Bagheria, una joya del barroco siciliano, obra del arquitecto que diseñó Villa Palagonia, Tommaso Maria Napoli. La villa está situada en alto, en medio de un inmenso parque rodeado de terrazas y balaustradas y precedida de un patio de acceso rodeado de una doble exedra. La fachada principal se hace cóncava para alojar la escalera doble de dos tramos de acceso a la planta principal. La fachada posterior, que mira al mar, es recta.

Plano Villa Valguarnera

Plano Villa Valguarnera

El patio delantero está rodeado por construcciones de una planta con terraza superior sobre un pórtico con columnas. En el interior aún se conservan los frescos originales. Pero lo que daba valor al conjunto era el inmenso parque circundante, con varios pabellones y fuentes.

En esta villa, en un apartamento de los bajos del pórtico lateral, se refugió Fosco Maraini, etnólogo, fotógrafo, escritor y gran viajero florentino tras la guerra, a la vuelta de Japón después de tres años en un campo de concentración, en unión de su  mujer, Topazia Alliata, y sus tres hijas pequeñas. En “Case, amori, universi” habla de los años pasados en Villa Valguarnera, donde aquel hombre libre se sintió prisionero del aire viciado de la sociedad aristocrática siciliana: primero se retiró con su familia a vivir en Porticello, y pronto emprendió nuevas expediciones, nuevos viajes que le alejaron de Bagheria y de los suyos.

Su hija Dacia Maraini, nos habla de ello en un libro recientemente traducido al español cuyo título es el del lugar donde pasó su adolescencia, Bagheria. En él la escritora vuelve a la casa de su infancia y con esta visita recupera la memoria de los años transcurridos en ella y salda cuentas con la parentela materna, la sociedad siciliana y su propio pasado. En Bagheria, Dacia Maraini critica con amargura la corrupción, que ha permitido que los propios organismos públicos permitan y fomenten la desaparición del patrimonio edificado.

La destrucción sistemática de la belleza de la Bagheria que conocieron Lampedusa y los Maraini se inició a mediados de los años cincuenta. La misma época, la misma sociedad que nos retrata Giuseppe Tornatore en Cinema Paradiso. Entonces, cuando aún en verano la plaza de Bagheria se llenaba de sillas para ver las películas que el Cinema Modena proyectaba sobre la pared de la iglesia, se inició la demanda turística. Pronto los poderes locales se dieron cuenta de que era bien fácil apoderarse de aquellos parques en manos de familias arruinadas y decadentes. De nada sirvieron las leyes ni la catalogación de los edificios o lugares. Poco a poco fueron cayendo palacios, y colmatándose los jardines con edificios de pisos y casa construidos sin plan alguno, hasta formar el conglomerado urbano que hoy vemos. De la grandeza de Bagheria quedan muestras, villas abandonadas y restos de parques destrozados por una autopista que llega al centro de la ciudad. Parece que ha desaparecido incuso la memoria de lo que fue: nos queda lo que en los libros leemos de ella.

Porque, como me contó una siciliana cuando nadie nos oía, allá no se puede vivir: hay que saber tratar a esa mano larga y opresora que todos conocen, que a todos ahoga y de quien nadie quiere hablar. «Porque si no sabes tratarlos, te pasa lo que pasó a los de vuestro hotel: les cortaron los dedos porque no quisieron pagar…» Esa mano larga que denuncia Dacia Maraini en su libro.

Antigua postal acceso a Villa Valguarnera

Antigua postal acceso a Villa Valguarnera

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