Los lugares de Giuseppe di Lampedusa

Fachada principal del Palacio de Santa Margherita a principios del SXX.

Fachada principal del Palacio de Santa Margherita a principios del S XX.

Hace ya algún tiempo realicé un viaje a Sicilia a la búsqueda de dos autores. Obviamente no los encontré, porque habían fallecido, pero recorrer las mismas calles que ellos habían transitado, ver los mismos edificios, reconocer las descripciones que hacen en sus libros, me hicieron conocerlos mejor.

Giuseppe di Lampedusa plasmó su nostalgia vital en su único libro, El Gatopardo, que Visconti llevó al cine con gran acierto pero captando solo parcialmente la grandeza de la obra literaria. Leyendo la biografía de Lampedusa, escrita por David Gilmour y publicada en 2004 por Siruela, entendemos la naturaleza y carácter del autor, el momento vital en que la escribió, y las razones de las reflexiones que desgrana en boca de sus personajes.

Sin embargo, fue la visita a los lugares y a los edificios en donde había vivido y que inspiraron la novela, los que me hicieron conocer más de cerca al personaje.

Palermo fue una ciudad de la que me quedé prendada.

Calle de Palermo. Foto de la autora

Calle de Palermo. Foto de la autora

¿Ven esa foto con sillas adosadas a la pared? Son todas diferentes, y sólo tienen en común que todas ellas están destartaladas, apoyadas contra un muro desconchado, esperando a los vecinos que vengan a ocuparlas en su diaria tertulia callejera. Eso es Palermo: una ciudad desvencijada, situada en pleno Mediterráneo, que ha recibido el influjo de civilizaciones tan dispares como la fenicia, griega y árabe, la normanda y la bizantina, la aragonesa, española y austriaca y que ha sabido acogerlas e integrarlas en su cultura, en su arte y en su civilización.

Una ciudad llena de vida, en la que por las callejuelas de la parte vieja de la ciudad, muchas de ellas sembradas de andamios y apeos que retienen los muros de viejos palacios en ruina, te puedes encontrar un corrillo de respetables ancianas, hablando junto a un abuelo que despelleja un conejo ante la mirada atenta de su nieto, y más adelante el jinete de aspecto árabe que limpia su caballo en plena calle, frente a un magnífico edificio barroco que hace ya tiempo que dejó atrás su esplendor.

@Mercedes Sánchez-Marco

Calle, Palermo. Foto de la autora.

Sus mercadillos tienen un aire de khasba y es que aquí llega a menudo el viento del desierto dejando nubes blanquecinas de polvo. Y el bullicio, los olores y la luz también parecen venidos de las costas africanas.

En la parte alta, los edificios de viviendas y hoteles, las magníficas tiendas de lujo alrededor de Via della Libertà y el teatro Massimo nos hablan del esplendor del inicio del siglo XX, y de un dinero que se mueve por la ciudad, nadie sabe cómo, nadie dice de dónde procede. Porque sin ser jamás nombrada, la mafia está omnipresente en las conversaciones, una vez que se rompe el muro de silencio que se alza al nombrarla. Para convivir con ella «hay que saber hacer bien las cosas –como me decía un palermitano–, y aceptar ciertas servidumbres».

Y más allá, más al norte, el desastre urbanístico, que Lampedusa no conoció y que solo la corrupción, la ley del más fuerte y la del silencio han hecho posible.

¿Qué es una ciudad sino el resultado del carácter de sus gentes? Planes urbanísticos, magnífica arquitectura, leyes municipales que no han podido dar al traste con la impronta de los habitantes de Palermo.

facciata principale Palazzo Lampedusa

Es allí, en Palermo, en el Palazzo Lampedusa, en el centro de la ciudad donde transcurrió la infancia del escritor, y donde durmió, en el mismo dormitorio en el que había nacido, hasta que una bomba aliada lo destruyó en 1943. Aún hoy se pueden ver sus ruinas en la vía que lleva su nombre y podemos imaginar el cuidado que ponía nuestro autor en evitar el paso ante los despojos de lo que fue su hogar. ¿Cómo no sentir tristeza él que había vivido en aquel magnífico edificio hoy destruido?

Después de la guerra, Giuseppe di Lampedusa se instaló en un viejo palacio de vía Butera, cuya fachada posterior, del siglo XVIII, se prolonga en una terraza hasta el lungomare, muy cerca del palazzo Butera. La fachada principal está cerca del antiguo Hotel Trinacria, donde se sitúa la muerte de Don Fabrizio. Con la misma nostalgia con la que habla ese personaje, prefirió ese viejo edificio, que resiste a duras penas el paso del tiempo, frío e incómodo, con una preciosa escalera que habla de su pasado esplendor y una gran terraza con magníficas vistas al mar, a un cómodo piso en el centro de la ciudad.

Pero no acaba en vía Butera el recorrido por la Palermo de Lampedusa. Podemos imaginarlo entrando en la veintena de inmensos palacios que aún subsisten en el centro de Palermo, ya que, al menos en su juventud y a regañadientes, participó de la vida social de la aristocracia palermitana. También fue un asiduo de restaurantes, como la pizzería Bellini, o de cafés, como el Mazzara donde se refugiaba a escribir.

Los mejores recuerdos de la infancia de Giuseppe di Lampedusa se sitúan en el palacio de Santa Margherita di Belice, 04-10-15. Santa Margherita Belice.Capilla de la familia de G.T.de la familia materna, los Filangeri di Cutò, a unos setenta y cinco kilómetros al sudoeste de Palermo, donde la familia pasaba el verano. Como el mismo autor comentó en una carta a su amigo Enrico Merlo di Tagliavia, sirvió de inspiración para el impresionante palacio de Donnafugata de El Gatopardo.

“El pueblo de Donnafugata es Palma; el palacio es Santa Margherita. Sicilia es la que es; la de 1860, la de antes y la de siempre…”

@Mercedes Sánchez-Marco

Chiesa Madre, Palma di Montechiaro. Foto de la autora.

Hoy sede del Ayuntamiento, el palacio es una inmensa mole que ocupa uno de los lados de lo que hoy es la plaza del Ayuntamiento, instalado en el palacio tras su restauración, pues el terremoto de 1986 dejó únicamente sus fachadas. Aunque sus dimensiones son menores que las descritas en la novela, constaba de teatro, capilla, numerosos salones y un inmenso jardín.

Y de nuevo siguiendo las huellas de Lampedusa, visité Palma de Montechiaro, su Chiesa Madre, su convento dominico, y el propio palacio ducal de Palma. Entendí la emoción del autor al recorrer aquellos lugares que habían sido de su familia y que tanto le conmovieron en su única visita al lugar. Al palacio de Palma de Montechiaro se trasladaron los Lampedusa en el siglo XVI, desde la antigua torre medieval cuyas ruinas aún se alzan sobre una roca y sirven de escenario para las fotos de las bodas locales. En El Gatopardo, en el capítulo dedicado a Donnafugata, los describe.

En Bagheria encontré la huella de ambos escritores: Giuseppe Tomasi di Lampedusa y Fosco Maraini. Otro día os hablaré de él.

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