La belleza de los edificios

Panteón óculo-s

Hace unos días asistía, en un edificio bello, sin duda, a una ponencia de arquitectura sobre la belleza. No pensé nunca escribir sobre un tema ya tan tratado, tan etéreo, y tan subjetivo, pero lo que escuchaba me hizo reflexionar, y quiero compartir estas reflexiones con vosotros.

La idea de belleza no es algo permanente. Los clásicos plasmaban la belleza imitando la naturaleza y respetando los órdenes y los tipos edificatorios antiguos. Los modernos podríamos hablar de la abstracción artística. Tampoco es permanente la noción de arquitectura.

Y aunque es cierto, como recientemente dijo Jacques Herzog en una conferencia, que la belleza es el atributo más hermosos de la arquitectura, esos discursos que se detienen en conceptos abstractos y elevados, se olvidan del cimiento sobre el que se levanta la belleza de los edificios que nos conmueven: el arte de saber construir. La arquitectura es una ciencia a la vez intelectual y práctica, y para lograr la belleza, no debemos descuidar ninguno de estos dos aspectos.

Y no existe belleza en arquitectura si ésta se limita a sus formas y volúmenes, y a la armonía de las líneas y composición de sus fachadas.

Panteón-s

En primer lugar, el entorno, y la adecuación al mismo, configuran la belleza de un edificio. Tenemos un ejemplo cercano en el edificio del Kursaal, de Rafael Moneo, cuyas formas surgen como respuesta al mar y a la escollera sobre la que se asienta y que perdería gran parte de su belleza en un espacio más urbano. Precisamente el entorno puede crear, como en este caso, un diálogo poético con el propio edifico. Por el contrario, hay casos de edificaciones cuyos valores quedan relegados por su discordancia con el entorno: se alzan ajenos al mismo y su valor y armonía se pierden en el desprecio hacia el contexto urbano en el que se insertan.

Podemos considerar bello un edificio funcional, privado de adornos y de otros elementos que no sean los estrictamente necesarios para cumplir su cometido, porque esta funcionalidad es parte de su esencia. Pero si un edificio no funciona, si no cumple el cometido para el que fue construido, si no se adecua a las necesidades de los seres humanos que lo van a utilizar, si los materiales no son adecuados a su uso, o si la construcción es deficiente, la posible belleza se diluye, desaparece, como la armonía que debe existir entre continente y contenido. Kant, en La crítica del Juicio, indicaba que lo esencial en el caso de los edificios era «la acomodación del producto para un cierto uso», por lo tanto, si no sirven para el uso proyectado, ¿son edificios o son grandes esculturas?

Es cierto, que los grandes espacios y ciertas construcciones se prestan a una búsqueda más libre de la belleza, que otros muy condicionados por aspectos funcionales y normativos, pero también hay poesía en edificios más humildes, en construcciones rurales, o en ciertas construcciones industriales.

Pero como la verdadera belleza de las personas, que surge de su interior y se refleja en su mirada, la belleza de un edificio emana de aquello que no se ve.

No son solo las proporciones de sus volúmenes, la pureza de sus líneas, o la composición de la fachada los que otorgan belleza al edificio, sino la maestría con la que ha sido construido: sin ella, no hay belleza.

El conocimiento de los materiales, su adecuación a la finalidad para la que son utilizados, la proporción y uso armonioso de los mismos, la ligereza y resistencia de su estructura, la forma en que se integran las instalaciones en la obra, son algunos de los aspectos que urden el entramado sobre el que se levanta ese concepto tan subjetivo como es la belleza de una construcción.

Pero el uso adecuado de la luz natural es, sin duda, el elemento que confiere una dimensión poética al edificio. Y si tantas personas nombran al Panteón de Roma cuando se les pregunta por el edificio más bello y armonioso, el rayo de luz que penetra por su óculo central no es ajeno al efecto que causa esa joya romana en sus visitantes.

Panteón luz-2-s

Por ello, me resulta ficticia la búsqueda de la belleza por la belleza en arquitectura, y por ello no suelo leer esas publicaciones y blogs en los que únicamente se exponen fotos de edificios de bellas fachadas sin más texto: hablemos primero de las ideas que impulsaron el proyecto y del arte de construir.

No perdamos de vista el origen de nuestra profesión: los grandes maestros de obras tan bellas como el propio Panteón o las grandes catedrales conocían muy bien su oficio y los pocos materiales que entonces utilizaban. De ese conocimiento tan preciso, sobre el que se apoyaba la búsqueda de una forma y proporciones armónicas, surgió la belleza de los edificios que construyeron.

Hoy en día, es cierto, la construcción se ha complicado, intervienen muchos materiales, y muchos gremios, y se hace necesario contar con ingenieros y expertos en cada área. El arquitecto debe saber coordinar sus acciones que plasmadas por los buenos artesanos que trabajan en la obra, se integrarán en la búsqueda de belleza plasmado en el proyecto de arquitectura.

Pero lo cierto es que tanto en la arquitectura actual como en la de siglos pasados, hay edificios –y espacios– que emocionan, y otros que son meros contenedores.

Si: estas son reflexiones de arquitectos, y esperamos que la búsqueda de la belleza en arquitectura no quede relegada si nuestro oficio se deja en otras manos.

Panteón planta-s

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: